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Publicado / Published in Doc’s Kingdom 2021

Matar los ojos para ver

“Los lugares del pensamiento son las zonas tropicales, frecuentadas por el hombre tropical.”

Gilles Delleuze

Al ver Vision Intertropical de Adriana Vila Guevara lo primero que nos ocurre es una pregunta simpleja. ¿Qué se ve? ¿Cómo se forma este paisaje?

En el film de 5 minutos se ve un paisaje ‘‘natural’’ formado por una sierra y
bosques verdes cercados por un cielo azul que se va transformando en una serie de espejismos, sobreposiciones y fusiones. El paisaje sonoro que acompaña la trasmutación visual, consiste en un fragmento de ínsula del artista sonoro Alfredo Costa Monteiro. Lo que se siente es una variada y densa camada de sonidos formadas por cantos de pájaros, sonidos industriales y ruidos de tonos y frecuencias variados, algunos casi imperceptibles, o mejor dicho, indefinibles.

Tal ‘’paisaje’’ de organización y variación caleidoscópica deviene de un ‘‘gesto antropofágico’’ (pensando con Oswald de Andrade y su Manifiesto Antropófago) de Adriana, que, posicionando una cámara de 16mm delante de la escultura Viewing Machine de Olafur Eliasson – en el Museo de Arte Contemporânea Instituto Inhotim (Brumadinho, Brasil) – se la comió. Deglutió la mata atlántica (selva) y el Cerrado (sabana) de Minas Gerais, su luminosidad y sus colores y ‘’extrajo’’ de ese espacio ( y de la escultura en sí) una temporalidad de variabilidad intensiva y mutación discontinua.

Frame Vision Intertropical

En ese breve texto, más que hacer una exégesis de la noción misma del paisaje – lo

que nos llevaría a discutir el cambio de sentidos que tuvo su producción desde la Antigüedad, cuando sirvió para que los sujetos admiraran sus formas, sus cuerpos ‘humanos’, pasando por el Renacimiento, cuando se trató de sintetizar cierto pathos, hasta hoy – se tratará de pensar qué condición de posibilidad para el pensamiento se abre al “auscultar con los ojos’’ a ese(s) paisaje(s), viendo el film.

Aunque la estructura caleidoscópica de las imágenes que compone el film, nos pudiese llevar de modo metafórico a la noción de leyes universales del espíritu humano variando en diferentes culturas (multiculturalismo) y su organización típica en mitos y sus lógicas (visiones) transformacionales. Lo que se nos presenta con las imágenes , de modo contrario, es un acceso, fugaz, a una mirada extra- moderna, indígena -o cuando percibido desde el perspectivismo amerindio- multinaturalista.

El multinaturalismo, concepto desarrollado por el antropólogo Eduardo Viveiros de Castro, deviene de la noción recurrente en diferentes cosmovisiones amerindias de que variados tipos de seres, sean animales, espíritus, plantas, sean montañas, valles y demás accidentes naturales, serían portadores de un alma idéntica a la humana, lo que les haría sujetos o personas. En muchas de esas culturas se sostiene que los animales son gente como “nosotros”, estando solamente “vestidos de animales” pero que en realidad, se ven como humanos. Igualmente, los animales no nos verían como humanos, pero como animales o espíritus.

Pensando con y desde esas cosmogonías se podría decir que el “punto de vista está en el cuerpo” y por lo tanto, cada especie al tener una conformación específica, se ve a sí misma como humana y las demás como no-humanas. En el multinaturalismo: “no es la cultura que se prolonga y transciende la naturaleza, pero la naturaleza que se separa lateralmente de la cultura. Correlativamente, no es la producción y su díada sujeto-objeto que sirve de paradigma, pero el intercambio y su díada sujeto-sujeto. En lugar de la serie, creación, producción y representación, la serie transformación, intercambio perspectiva”.

Así, un chamán yanomami, marubo o guaraní, al rezar, cantar o consumir substancias transmuta su forma humana y accede – de modo temporario – al “punto de vista” de los demás seres, haciendo intercambios, escuchas, aprendizajes y actividades diversas y regresa de tal encuentro diplomático cosmopolítico con diferentes realizaciones, conocimientos, mensajes y propuestas, que serán compartidas con los demás miembros de la comunidad.

La experiencia cosmopolítica de acceder a otras perspectivas, de transitar por ellas es uno de los medios de producción de conocimiento de esos grupos. Es una visión-pensamiento para los que acceden/experimentan sus rituales y ceremonias.

David Kopenawa, chamán y activista yanomami, en su libro La Caída del Cielo nos cuenta que:

“La fuerza del polvo de yãkoana viene de los árboles de la selva. Cuando los ojos de los chamanes se mueren bajo su efecto, bajan hacia ellos los espíritus del bosque, que llamamos de urihinari, los de las aguas, que llamamos de mãu unari, bien como los animales ancestrales, los yarori. Por eso solo quienes toman la yãkoana pueden conocer realmente la selva”.

Ese ver-pensar, cuerpensar, o corazonar (Silvia Rivera Cusicanqui) ocurre igualmente en una historia que cuenta el antropólogo Pedro Cesarino en relación a un chamán del pueblo Marubo, quien al ver la ciudad industrial de Cubatão y su smog en el aire – en cierta visita a la provincia de São Paulo – la relaciona inmediatamente con el mito fundacional de su cultura, en el que aparece la mujer Shoma Wetsa. Esta mujer hecha de hierro y con afiladas cuchillas en sus brazos, al estar molesta con su hijo por haber tenido tres hijos con una mujer de dudosa conducta, mata a sus nietos. Se cuenta entonces, que su hijo, Rane Topãne, logra, después de varios intentos, matar por venganza a su madre tirándola al fuego. El cuerpo de Shoma explota, su hígado, sus huesos y sus dientes se transforman en hierro, martillos y pepitas de oro. Con su muerte una de sus cuplas habría ido al Oeste y originado el Imperio Inca, la otra al Este, convirtiéndose en el pueblo blanco. Al ver la ciudad de Cubatão y su smog en el litoral brasileño (al Este), el chamán de inmediato se queda convencido de tales especulaciones/creencias míticas. Él le cuenta a Cesarino que vió con sus propios “ojos” los huesos de Shoma Wetsa – y ni hizo falta que fuesen ‘ojos muertos’ como los de David Kopenawa. Estos se habían transmutado en tales instalaciones industriales de los blancos.

Vision Intertropical, con su variación intensiva del paisaje, implica en una ruptura de la centralidad de la mirada constituyente del “paisaje” y al hacerlo desautoriza también el a priori de la racionalidad occidental. Además, atenta contra la posibilidad misma de constitución de una mirada única, fija, centrada, organizada única y unívocamente desde el sujeto hacia el objeto.

Nos hace experimentar un cuerpo-visión multinaturalista, variable e incierto. Nos da un acceso inconstante a un cuerpo otro, atento a la mirada que nos devuelve la montaña, el cielo y el bosque. Nos hace accesible la “humanidad” de esos seres otros, la intencionalidad del monte, de los árboles, en fin.

Mata a nuestros ojos para darnos la visión – y el breve gusto – de experimentar la inexistencia de la ficción moderna llamada sujeto individual; funciona como un anuncio del inexorable colapso de cualquier política que dependa de su (supuesta) existencia.

Referencias Bibliográficas

VIVEIROS DE CASTRO, Eduardo. A Inconstância da Alma Selvagem, São Paulo: UBU, 2017. RIVERA CUSICANQUI, Silvia. Un mundo Ch’ixi Es Posible: Ensayos Desde un Presente en Crisis. Buenos Aires: Tinta Limón, 2018.
KOPENAWA, Davi; ALBERT, Bruce. A queda do céu: palabras de um xamã yanomami. São Paulo: Companhia das Letras, 2015.

CESARINO, Pedro. Chamanismo Smog y Lombrices. Revista Terremoto Issue 9: Después de Brasil / After Brazil Verano, 2017.


Kill the eyes to see

“The places of thought are the tropical zones, frequented by tropical man.” (Gilles Delleuze)

When we experience Adriana Vila Guevara’s Intertropical Vision, the first thing that comes to mind is a simplex question. What are we looking at? How is this landscape formed?

At first we can see a “natural’’ landscape formed by a mountain and green forests surrounded by a blue sky that is transformed into a series of mirages, overlaps and fusions. A landscape that in its kaleidoscopic organization and variations, evokes Adriana’s ”anthropophagic gesture” (thinking with Oswald de Andrade and his Anthropophagous Manifesto). By positioning a 16mm camera inside of Olafur Eliasson’s sculpture “The Viewing Machine” – at the Museo de Arte Contemporânea Instituto Inhotim (Brumadinho, Brazil) – she devours the landscape. She swallowed the Atlantic forest (jungle) and the Cerrado (savanna) of Minas Gerais, its luminosity and its colors. And “extracted” from that space (and from the sculpture itself) a temporality of intensive variability and discontinuous mutation.

What I intend in this text,  rather than making an exegesis of the notion of landscape itself, is to consider that it is more about the extension of possible ways of thinking, that are opened when we “auscultate with the eyes” that/those landscape(s) while watching this film.

Although the kaleidoscopic structure of the images could lead us metaphorically to the notion of universal laws of the human spirit varying in different cultures (multiculturalism), other than their organization in myths and their transformational logics (visions). On the contrary, what is presented to us with the images of Intertropical Vision, is a transitory access to an extra-modern, indigenous -or from an Amerindian perspective- what would be a multinaturalist access.

Developed by the anthropologist Eduardo Viveiros de Castro, the concept of Multinaturalism comes from the recurring notion in different Amerindian worldviews that considers various types of beings (animals, spirits, plants, mountains, valleys and other natural accidents), as carriers of a soul identical to the human, which make them as well subjects or people. In many of these cultures it is argued that animals are people like “us”, being only “dressed as animals” but that in reality, they see themselves as humans. Likewise, animals would not see us as humans, but as animals or spirits.

Thinking with and from this cosmogony, it could be said that the “point of view is in the body” and therefore, each specie, having a specific conformation, sees itself as human and the others as non-human. In multinaturalism: “it is not culture that extends and transcends nature, but nature that laterally separates itself from culture. Correlatively, it is not production and its subject-object dyad that serves as a paradigm, but exchange and its subject-subject dyad. Instead of the series, creation, production and representation, the series transformation, perspective exchange ”.

A Yanomami, Marubo or Guaraní shaman, when praying, singing or consuming substances, transmutes his human form and can accesses – temporarily – the “point of view” of other beings, making exchanges, listening, learning and other various activities. The shaman returns from such a cosmopolitical diplomatic meeting with different achievements, knowledge, messages and proposals, which will be shared with the other members of the community. A cosmopolitical experience that allows access to other perspectives, where going through them becomes one of the means of production of knowledge, characteristic of these groups. It is a vision-thought for those who experience its rituals and ceremonies.

David Kopenawa, Yanomami shaman and activist, in his book The Falling Sky: Words of a Yanomami Shaman tells us that:

 “The strength of the yãkoana powder comes from the trees of the jungle. When the eyes of the shamans dies under its effect, the spirits of the forest, which we call de urihinari, those of the waters, which we call de mãu unari, as well as the ancestral animals, the yarori, descend towards/in them. That is why only those who take the yãkoana can really know the jungle ”.

In that access to other seeing-thinking, body-thinking, or hearting-hunching (Silvia Rivera Cusicanqui) can be located the experience of Intertropical Vision. With its intensive variation of the landscape, it generates a rupture of the centrality of the constituent gaze of “the landscape”. And in doing so it also disavows the a priori of Western rationality. Furthermore, it undermines the very possibility of the constitution of a single, fixed, centered, organized single and univocal gaze from the subject to the object. It makes us experience a multinaturalist, variable and uncertain body-vision.

It gives us an inconsistent access to a body “other”, attentive to the gaze that the mountain, the sky and the forest return to us. It makes the “humanity” of these other beings accessible to us. It kills our eyes to see – and the brief taste – of experiencing the inexistence of modern fiction called individual subject, announcing the inexorable collapse of any politics that depends on its (supposed) existence.

Ж

2021

Bibliographic references

VIVEIROS DE CASTRO, Eduardo. A Inconstância da Alma Selvagem, São Paulo: UBU, 2017.

RIVERA CUSICANQUI, Silvia. Un mundo Ch’ixi Es Posible: Ensayos Desde un Presente en Crisis. Buenos Aires: Tinta Limón, 2018.

KOPENAWA, Davi; ALBERT, Bruce. A queda do céu: palabras de um xamã yanomami. São Paulo: Companhia das Letras, 2015.

CESARINO, Pedro. Chamanismo Smog y Lombrices. Revista Terremoto Issue 9: Después de Brasil / After Brazil Verano, 2017.